Fragmento del libro de Muja

Hoy me encontraba limpiando mi escritorio cuando de pronto di con un sobre cerrado que me había mandado mi amigo Adrián Gómez antes de morir por una sobredosis de sacarosa en Bhurma. La fecha de envío dice 9 de mayo de 1989. No me envía la procedencia de esta traducción del libro de Muja, pero se los comparto para que me digan sus impresiones.

Y entonces Shebaol el de muchos nombres alzó una mano y la tierra se cubrió de una oscuridad que asemejaba un manto espeso, cada sonido cesó, y hasta el aire detuvo su marcha. Entonces habló con una voz que provenía de las profundidades del abismo fuera del tiempo “Muja, durante incontables años he contemplado la tierra de Jabah con ojos inasibles. He conocido su decadencia y corrupción. He escuchado las voces de los desposeídos que claman justicia sobre pilas de cuerpos en descomposición. He experimentado cada día la miseria, la ignominia y el hambre de mi pueblo. He esperado, finalmente, con infinita paciencia para que los hombres enderezaran sus caminos, establecieran la justicia sobre la tierra y me buscaran con sed de luz y sabiduría. Mi espera ha sido en vano. Desde el valle de Hebzolah, hasta las montañas de Shibá, de lo más alto a lo más bajo; desde los mares salvajes de Rabá al poniente, hasta los bosques de árboles como montañas de Gehenu donde se eleva el sol oriental; y de norte a sur mi corazón he inmolado en sacrificio a mi pueblo amado. Regú, el hombre clemente y sabio que gobernara con benevolencia sobre el reino de Jabah hace ya mil años me pidió un heredero, yo tomé su vista y le concedí 7 dones, no el menor de todos el don de profecía. ¿Recuerdas los cantos proféticos de Regú, primer rey de Jabah en los tiempos en que sobre la tierra se extendía un desierto estéril que yo hice florecer en un jardín de inconmensurable belleza, Muja, hijo de Ilya?”. Muja permaneció en silencio hasta que encontró una fuerza en su interior para hablar las palabras adecuadas “Lo recuerdo bien Shebaol, mi señor, incluye numerosas profecías, algunas ya ocurridas y otras que aún permanecen en oscuridad para nosotros”, en ese momento su corazón fue iluminado por una luz como ninguna otra y recitó las siguientes líneas:

“En el séptimo año de la gran contienda, el último rey de Jabah que llevará mi sangre habrá de viajar en larga travesía hacia el este, buscando cobrar un pacto contraído a viejos amigos en épocas de paz, más nunca habrá de regresar a su tierra natal. Luchas intestinas sacudirán la tierra, las llamas se extenderán sobre el país como un incendio que no puede ser extinguido. Numerosos enemigos, de adentro y de afuera se dividirán los despojos de mi nación. Tres altos reyes vendrán desde el mar y reclamarán la corona del rey ciego. En la hora más oscura de la desesperación Shebaol se hará presente una vez más y liberará a su pueblo amado del yugo, de la oscuridad y de la muerte.”

Shebaol habló nuevamente “He venido a restablecer el pacto que hiciera con Regú y con su pueblo. Tu, Muja hijo de Ilya serás rey de Jabah, gran señor entre las naciones y portarás la corona de tres águilas y la espada de Regú que ha sido perdida habrá de ser blandida por tu poderoso brazo. Pero primero me sacrificarás aquello que le sea más querido a tu corazón y yo te entregaré la ley y luego te haré rey entre tu pueblo, al cual conducirás hacia la victoria para luego disfrutar de paz duradera en un mundo que ha olvidado su significado. El día séptimo de éste mes deberás escalar hasta esta montaña con tu ofrenda y un cuchillo de plata”. Así habló Shebaol y a continuación se levantó el manto de oscuridad y el día brilló una vez más en lo alto. Pero el corazón de Muja permanecía en penumbra, pues lo que le era más querido en el mundo era su mujer Jiwa, a la cual conoció por primera vez como cautiva en la corte de su enemigo Axaj, misma que liberó e hizo su esposa después de que tomara la vida del guerrero.

Era el cuarto mes del año de Shebú en la tierra de Jabah, cuyo reinado era conocido como los años de la espada, tenía ese sobrenombre debido a la inestabilidad política del período. Se decía que su autoridad entre el pueblo de Jabah se extendía desde su brazo hasta la punta de su espada. Cuando Shebaol el de muchos nombres habló con Muja fue el día primero del cuarto mes y durante los días subsiguientes al encuentro con el grandísimo una sombra atribulaba su corazón. Sabía que sin Jiwa no volvería a sentir placer en el canto de las aves, la frescura de la briza, o el sabor de los alimentos. La vida misma, y todas las riquezas y los dones no serían sino una pálida sombra de la felicidad que Jiwa le proporcionaba. Sin embargo también sabía que no podía oponerse a los designios de Shebaol Dios de sus padres y que su pueblo necesitaba de unidad y de prosperidad, misma que le había sido prometida por el señor.  Fue en medio de su locura y desesperación que urdió un plan de terribles consecuencias.

El día sexto del cuarto mes del año de Shebú, en la ciudad de Nassam, en la gran casa de Muja había una importante fiesta, la celebración de la primavera, que coincidía con la menarquía de Habiru la primogénita. Había muchos invitados distinguidos, incluidos Shebú y Hazá, Rabim y Hijá la del arco de plata y muchos grandes señores y comandantes de los ejércitos occidentales que lucharon contra los señores del mar. La música era abundante y el vino exquisito manaba de fuentes de oro y de marfil. Era a medianoche que el punto culminante de las festividades habría de consumarse cuando las danzantes entrarían en éxtasis con el luminol y bailarían la danza de la serpiente y el espíritu de Dirwá se haría presente entre ellas, justo cuando Ola la de pies ligeros se preparaba con las abluciones para la danza Muja habló “Queridos amigos, como bien saben hoy celebramos la llegada de la primavera a estas tierras. Sin embargo ésta es ocasión de especial alegría para Jiwa y para mí pues la primavera ha florecido en nuestro hogar con particular energía, hoy celebramos asimismo la primera lunación de nuestra amada hija Habiru. Y es con éste espíritu de celebración que invitamos a Habiru para que realice la danza de la serpiente en el papel de Ola” hubo un aplauso seguido del desconcierto de las bailarinas y de la misma Habiru, la cual habló “Amado padre, siempre he atesorado en mi corazón tus palabras y tus actos, tanto en lo público como en casa. Los dioses saben que mi reposo y mi alegría yacen contigo. Mis dones, en la medida en que éstos me han sido otorgados han florecido bajo tu celo y protección. Sin embargo creo que en ésta ocasión me has prodigado un favor excesivo. No lo merezco, Ola es la mejor bailarina sobre la tierra, a ella le corresponde el lugar central en la danza de la serpiente” a lo que Muja replicó “Habiru, amor mío, estoy seguro de que ésta doble celebración es un hado de bendiciones futuras. Nada me haría más feliz que verte en el lugar que te corresponde. Estoy seguro que Ola no se sentirá disminuida si te pido como favor especial que ocupes su lugar en la danza” Ola simplemente hizo una breve inclinación de cabeza y Habiru dijo “Si ello es fuente de alegría para ti así lo haré padre”. Entonces realizó Habiru las abluciones pertinentes y bebió con abundancia el metanol de una copa de plata y ocupó su lugar como bailarina central. Bailó con energía y gracia, con finura y emoción inigualables, hubo entre los presentes quienes la compararon a Dirwá misma. Sus padres la miraban con gran orgullo sabiéndose en presencia de un gran tesoro. Una vez hubo terminado se acercó a su padre e hizo una reverencia, en ese momento Jiwa tomó la palabra “Tan espléndida demostración de habilidad merece un especial honor, que estoy seguro tu padre se encargará de proveer” “Lo que tú quieras Habiru, hija mía” dijo Muja, “Todo lo que mi corazón puede desear ya lo tengo, y en abundancia, todo lo que mi alma necesita sé que mis honorables padres, los dioses, y el tiempo se ocuparán de proveer en su momento” fue la respuesta de Habiru. Sin embargo Muja insistió “Vamos hija, ésta es tu noche, pídeme lo que quieras” a lo que Habiru contestó “Si tu insistes padre, te pediré entonces un pequeño capricho, me gustaría un jardín lleno de pavo reales” Muja le dijo “Considéralo hecho, tuyo será el jardín más espléndido sobre la tierra, abundante en árboles de diverso fruto, y flores de todos los colores y los más bellos pavo reales del oriente. Reinas de todas las naciones te envidiarán y desearán conocer el amor que te profesamos tus padres.” Entonces se acercó a Habiru y la besó en la boca. La fiesta continuó en su despliegue de alegría y abundancia, poco a poco los invitados fueron llevados a sus habitaciones cuando el efecto del vino y la comida les inducía el sueño. Faltaban unas pocas horas para el amanecer cuando Jiwa se retiró a sus habitaciones. Sólo quedaban Shebú, su escolta y algunos dignatarios de los invitados, y Muja y Habiru como huéspedes cuando Muja dijo “Señor, le pido nos perdone pero mi hija se encuentra muy cansada y nos retiraremos, pero haré que mis sirvientes le muestren el camino para el modesto cuarto que le hemos preparado” Shebú sólo asintió.

Una vez en la tímida oscuridad titilante de la habitación de Habiru, Muja abrió una ánfora de luminol, sirviéndola en la copa de plata. Lo que ocurrió después fue una abominación a los ojos de Shebaol, pues padre e hija yacieron sobre el mismo lecho y sellaron el pacto de la carne. Al día siguiente Jiwa conoció la vergüenza y el horror cuando viera a su esposo y a su hija juntos compartiendo el lecho en desnudez. Muja se levantó ominoso y en sus ojos se dibujaba un hado oscuro, su plan había funcionado, entonces le dijo a su mujer “Hemos cometido un acto imperdonable según las leyes de Regú. Nuestros votos han sido desechos ahora por la gravedad de nuestro pecado. Nuestros anillos habrán de ser arrojados al fuego y habré de tomar por esposa a aquella mujer con la que he cometido la falta, con nuestra amada Habiru” Jiwa no dijo nada en mucho tiempo, y sólo murmuró después “Shebú nos dirá qué dispone la ley en estos casos”. Cuando Shebú fue informado de la situación dijo con gravedad “La vergüenza sea contigo Muja, hijo de Ilya. Esta falta trae inmundicia sobre mi nombre y mi reino, te privarás de ahora en adelante de mi compañía, y nunca habrás de mencionar mi nombre con nadie. Fuera de mi desprecio lo que establece la ley de Regú es claro: le darás la mitad de tu tierra, tu fortuna y tus posesiones a Jiwa. Su matrimonio queda anulado. Asimismo habrás de tomar como esposa a Habiru. Jiwa, tienes derecho a dejar tu hacienda y todo lo que te pertenece si el deshonor te fuera muy grande y partir a tierras extranjeras, sin informar a nadie tu paradero, es lo que dicta la tradición de nuestros padres”. Elijo la segunda opción dijo Jiwa. Pasó al cuarto en que yacía su hija dormida y besó a Habiru en la frente, le dijo en una voz casi inaudible “Espero que seas una señora digna de Jabah, respetada y poderosa entre los hombres. Cuidas a tu padre y nunca me olvides”. Salió de la casa, tomó un caballo y partió hacia el norte sin articular palabra alguna con nadie, sólo una vez volteó la cabeza y dirigió una mirada a Muja, sus ojos resplandecían cargados de lágrimas en la distancia. Tiró su anillo matrimonial en la arena. La oscuridad se instaló en el corazón de Muja, y cargaría una tristeza honda que no lo abandonaría hasta el fin de sus días.

Jiwa habría de guiar a su propia nación en los años venideros. Al tiempo de estos acontecimientos marchaba sin un destino claro con rumbo al norte, cargando en su vientre a su hijo no nato Melziriel, pero esa historia se narra en el libro de Bephel. Ese mismo día cuando declinaba la tarde Muja subió vestido de negro y cargando un cuchillo de plata. El cielo se oscureció y la voz de Shebaol se hizo escuchar majestuosa y pesada como una montaña “¿Cuál es el fruto eximio que me vienes a ofrecer de sacrificio?” Muja respondió “Shebaol, señor de los cielos y la tierra. Temo que aquello que me es más querido en este mundo se encuentra lejos de mi alcance ahora y desconozco su destino y paradero. Pero vengo a ofrecerte en mi falta un don menor, lo segundo en mi apreciación de todas las cosas y ello es mi propia vida.” El cielo se cubrió de relámpagos que herían la tierra con gran violencia y Shebaol dijo “Tu ofrenda me desagrada Muja, has faltado a mi palabra, la palabra del dios de tus ancestros. El dios que hizo florecer los campos que posees y que dió la luz al sol que ilumina la tierra, el mar y los abismos. El señor de los ejércitos de Regú, el libertador de Ham y Jifrah, el artífice de los sueños que comparte la tierra de Jabah.” “Señor excelentísimo, muestra tu cólera con tu pobre servidor, pero por favor no extiendas mis faltas a tu pueblo amado” dijo Muja con temor, “Has actuado con imprudencia movido por el amor a tu mujer. Mis ojos ven dentro de todos los velos, y mi espíritu penetra todo cuanto existe. Tus acciones, tu pensamiento, tu alma misma no me han sido extrañas en ningún momento. ¿Creías acaso que tu acto impío estaría oculto de mi omnisapiencia?” Muja adelantó su mano en el cuchillo hundiéndolo con fuerza en su pecho mientras temblabla y decía “He pecado mi señor, lo siento”. Pero Shebaol le retiró el cuchillo, sanando su herida y le dijo “Aceptaré como sacrificio la destrucción del lazo que te unía a Jiwa. Pero has de saber que es un sacrificio imperfecto. Me ofreces tu vida y yo te digo en verdad que eso es algo que yo no puedo tomar. Ahora deberás vivir con las consecuencias de tu locura, siendo el símbolo de tu amor por esa mujer la fuente de tus mayores alegrías y la más hondas penas, tanto para ti como para tu pueblo, desde hoy en adelante hasta la disolución del mundo. Me ofreces un sacrificio a medias, de igual manera yo repartiré a la mitad mis bendiciones: una mitad para ti, la otra mitad para Jiwa. Algo te aseguro, jamás habrán de cruzarse sus caminos sobre la tierra mientras vivan, y después de la muerte sólo se unirán en paz hasta que hallas expiado tus faltas acorde a  la gravedad de tu crimen. Haz tomado a Habiru como tu esposa, de igual manera habrán de hacerlo sus descendientes mientras gobiernen la tierra de Jabah. Serás señor entre naciones y de igual manera Jiwa. Mi primer acto será otorgarle una nueva ley al pueblo de Jabah, una ley imperfecta como tu sacrificio, una ley que habrán de cumplir al pie de la letra”.

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