Elegía en Krasnoyarsk

En algún lugar de Krasnoyarsk de cuyo nombre no quiero acordarme no ha mucho tiempo vivió un caballero de adarga antigua y galgo corredor. El caballero tenía una hermana que por nombre llevaba la inmensidad: Celestia (o Келыесту según su nombre cristiano). De rostro de alabastro finamente cincelado, cuello como torre de cristal y manos níveas y delicadas. Su cabello recordaba los dorados campos de trigo acompasados por el viento veraniego, campos trabajados por la familia paterna. Celestia fue desde siempre una chica brillante, con un talento nato para la música, la pintura y la química, su primera canción fue una rapsodia en honor de su hermano Kaarlo (el nombre ha sido alterado para proteger su identidad). La vida seguía su curso como es habitual en Krasnoyarsk entre sorbos de dulce Sliwowitz de amaranto y temporadas de pesca sobre hielo, escuela de ballet y clases de defensa personal (mismas que compartían los hermanos mellizos). La carrera musical de Celestia iba en constante ascenso, consiguiendo contratos y concesiones para representar su número en lugares cada vez más grandes (Petrogrado, Tallin, Ljubljana se dibujaban en la mira) un día ocurrió lo inevitable cuando se da el ascenso de una nueva promesa musical: la mafia quería un pedazo del pastel. Draga Nijinsky se presentó en el camerino de Celestia una noche, con una botella de champagne y fresas, fue claro en su mensaje “Necesitamos de tu talento y tú necesitas de nosotros, lo sepas o no bombón” “Gracias pero no me interesa tener nuevo representante señor Nijinsky” “Temo que no me hice entender claramente banana split, paprika dulce de vainilla… no es meramente un ofrecimiento, si te digo que nos NECESITAS es porque nos NECESITAS, ¿estoy siendo claro trenzita de melcocha?” “_________” “Verás que te va a gustar la promoción que tendrás con nosotros, eso y la suerte de tener un papucho como Draga”. Al día siguiente de ese encuentro Celestia desapareció de la faz de la tierra (o bueno de Krasnoyarsk, una nota al pie de la historia), nadie sabe a dónde fue, o qué hace de su vida. Sobra decir que su hermano la extraña muchísimo.

Esperen la próxima serie de noticias relativas a Celestia y Kaarlo en la búsqueda implacable de su hermana. De momento, me dijo que incluyera éste poema de su autoría (que en realidad es de César Vallejo y se llama Los Heraldos Negros) como memento:

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!

yoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

creep

yo en mujer

kaarloxandros

miclonenmujer

guapaperra

twinsister.jpg

katelyn

I love you sister

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